La niebla se viste caprichosas cubriendo con su manto espeso el extenso pulmón en medio de la gran ciudad de Madrid.
Las aves, danzarinas van hacia lugares mas cálidos atraídas por un cielo de colores sosegados.
Los caminantes han dejado solitarios los caminos y buscan acurrucarse en los hogares, como niños en los tiernos regazos de una madre.
Cae la tarde y recibo agradecida cada gélido minuto rozándome la piel.
Llega el invierno extendiendome sus brazos una vez mas y me estremezco de gozo al sentirlos, mientras caminan mis pies acompasados por los fríos y ahora solitarios caminos del parque.


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